María Fernanda

Mi hija hermosa:
Al cumplir los diez,
recuerdo eras ya talentosa,
íntegra, coqueta, cautivabas por doquier.
Ahora de diecisiete,
frente al espejo,
eres algo diferente.
Rimel, rubores, labios cereza o miel,
no hagas caso a amores que mienten 
aunque a veces duele y sufres también
No lo dudes, te querré siempre,
donde esté, en vida, o más allá de la muerte,
así en tu memoria, mi hija Fer.

Anuncios

Andrea

Aún no sé si te volviste verso,
nada más quedan de ti las frases,
donde escribí tu nombre entre silencios.
Rimas que no guardan los detalles,
el tiempo, espacio, deseos,
aquellas con las que al final me enamoraste.

Fusión

Quiero desnudar tu pensamiento, leer que tus proyectos y los míos puedan cruzarse sin destiempo, atrapar un beso que seduzca, con tus labios, mis anhelos, como las noches entre estrellas, como cuerpos en consenso, llenos de vida con versos, como un amor entre silencios.

Paz

Paz, no sabes cuánto te necesito, me haces falta. Sin ti, los días y las noches parecen un infierno. ¿Qué hice mal para merecer tu ausencia? ¿Será que creo en un dios diferente, sin templos, sin mentiras, sin ataduras? No puedo ser el mismo sin ti. No puedo ver a los demás a los ojos sin temer. Cuando recién nací, allí estabas, con tu cobijo, con tu dulzura; luego pareció que huíste.¿En dónde estás?

Ana Silvia

Aquí empiezo mis frases, después de tí,
ni las palabras ni los espacios te esconden,
aún en puntos de universos sin fin.
Si existe poesía en tu nombre,
imagina el poema sutil;
la rima aquí se corresponde,
¡versos!, porque pienso en ti.
Intenso corazón que me responde:
–¡Así es que pude escribir!